dimecres, 9 de març de 2016

PAULA ORTIZ, directora y guionista de cine: «Cuando no tienes recursos, suples el dinero con tiempo. A menudo tengo la sensación de que hacemos auténtica orfebrería»


Paula Ortiz Álvarez es directora y guionista de cine y, además, ejerce de profesora en el grado de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Barcelona. Nació en Zaragoza hace 37 años. Quería contar historias y decidió que la mejor manera de empezar era estudiando cómo se habían contado las grandes historias de la literatura española. Se licenció en Filología Hispánica (Universidad de Zaragoza) y luego hizo un máster de Escritura para Cine y Televisión (UAB). Posteriormente, se formó en dirección de cine en el Graduate Department of Film and Television de la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York (NYU) y completó sus estudios de guion en el principal centro de formación cinematográfica de California. Además, obtuvo la Beca FPU del Ministerio de Educación, gracias a la que trabajó como investigadora y profesora en la Universidad de Zaragoza, donde realizó su tesis doctoral sobre la escritura de guion de cine en el siglo XXI.



Paula Ortiz: «El cine es un arte colectivo». 

Con su primer largometraje, De tu ventana a la mía, fue nominada en 2011 a los Premios Goya en la categoría de mejor director novel y ganó el premio Pilar Miró 2011 en la Seminci de Valladolid, entre otros. Con su segundo trabajo, La novia, le han llovido los premios: después de llevarse seis estatuillas de los Premios Feroz (que entrega la crítica cinematográfica española), Ortiz ha sido elegida Directora del siglo XXI por la organización de la Semana del Cine en Medina del Campo. Además, fue una de las triunfadoras de los premios Paramount Channel (mejor película, mejor dirección, mejor escena y mejor actriz), y ha sido distinguida con cuatro medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos. Estuvo nominada en los Premis Gaudí a mejor película en lengua no catalana, entre otros, y llegó a los Goya como favorita con doce nominaciones, que se materializaron, finalmente, en dos premios: a la mejor actriz de reparto, para Luisa Gavasa, y al director de fotografía, Miguel Ángel Amoedo.

Empecemos por el principio. Tú lo que querías era contar historias. ¿Cómo llegas al mundo del cine?
Por un lado, esa era la vocación. A mí me interesaba ese mundo de la narración. Y, por otro lado, también hay una cuestión logística; porque yo vivía en Zaragoza y allí no había estudios de cine. Estuve decidiendo entre Filología Hispánica, Filología Inglesa, Historia del Arte, etc. Es decir, a mí me interesaba saber cómo se había reflejado el mundo anteriormente.

No sé si todo el mundo tiene clara la vocación desde muy joven; pero es algo, en realidad, que te va llevando, que te va empujando. No tomas decisiones tan conscientes. Quizás, si yo hubiera sabido escribir mejor, me hubiera dedicado a escribir novelas. No lo sé. Creo que todo influye, las circunstancias, el contexto...

Mi relación con el cine siempre ha sido muy pasional y, durante la carrera, empecé a hacer cortos, probando muy intuitivamente, o a través de talleres. De repente haces un corto y lo proyectas en una sala y, de pronto, mueve a gente. Eso te estimula mucho para replantearte qué has hecho bien, qué has hecho mal, cómo hacer otro mejor. Y eso te va llenando y te anima a hacer otro.




Combina su faceta de guionista y directora de cine con su labor como docente en el grado de Comunicación Audiovisual de la Universitat de Barcelona.



Mirando tu currículo, parece que todo ha ido bastante rodado y, a pesar de tu juventud, te has hecho un lugar destacado en el cine español. ¿Ha resultado fácil llegar hasta aquí?
¡Qué va! No ha sido fácil, ni tampoco ha sido rápido. Yo tengo compañeros que han ido a mucha más velocidad que yo porque han focalizado su carrera en lo profesional. Yo he estado más centrada en lo teórico, en lo académico y en la docencia. Eso hace que vaya muy lenta. Compañeros que empezaron a la vez que yo han hecho muchas más películas, muchas más series, y han rodado mucho más. 

Yo voy muy despacio, pero no me importa. Mi padre siempre dice que «la aparente lentitud, a veces, te hace llegar antes a los sitios». También es una decisión de cada uno, de cómo quieres hacer tus proyectos y qué proyectos quieres hacer. Yo pasé cinco o seis años de mi vida dedicados casi en exclusiva a mi tesis. Es algo que en el currículo ocupa una sola línea. En mi caso, es cierto que tuve una beca. Pero esa beca, que según cómo puede parecer que te la han regalado, fue fruto de muchas renuncias personales. ¡Si yo te cuento lo que fue para mí conseguir aquella beca! 

Tengo la sensación de que te tomas tu profesión como un oficio absolutamente artesanal.
Sí. Es cierto. Porque cuando no tienes muchos recursos ni puedes contar con producciones que tendrían otras personas u otros proyectos, suples el dinero con tiempo. A menudo tengo la sensación de que nosotros hacemos auténtica orfebrería. Se nota, por ejemplo, en nuestros etalonajes (ajustes de color para cada toma montada). Yo he visto cómo los hacen en otras películas y cómo los hacemos nosotros. El trabajo del color de cada plano, de la dirección artística, del vestuario… En este sentido sí que creo que todo el equipo entra en una filosofía de artesanía, de dedicarle mucho mimo y tiempo para que las cosas tengan ese valor y después, en la pantalla, el espectador lo viva y lo perciba. 

Se nota que cuida hasta el más mínimo detalle. En La novia, por ejemplo, el sonido está absolutamente presente: se escuchan pájaros, el viento, el cabalgar de los caballos, hay cantos a capela... 
Sí, el sonido es una de las cosas más artesanales que hay en La novia, y no todo el mundo se da cuenta. 


Y cuándo planteas el guion, ¿elementos como el sonido, la fotografía o el color que tendrá la película están definidos desde el principio? 
Sí. Absolutamente. Porque tú en el guion tienes que describir la experiencia que vas a provocar en el espectador. Y, si lo vas a dirigir tú, lo tienes que definir con el mayor grado de detalle posible; para que los que tienen que materializar esa experiencia puedan hacerlo con toda la información. Eso está desde el principio, porque es la filosofía de la película. Y no solamente tiene que estar definido desde el principio en el guion; sino que también se concreta en el libro de estilo, que se hace con el diseñador artístico, paralelamente al guion. En él está todo pautado: la paleta de colores, las texturas de los materiales, los mapas de los espacios donde nos vamos a mover, el espacio mental que va a recorrer el espectador, cómo va a ser el vestuario, cuáles serán las referencias culturales que el espectador va a percibir, todo.



Reivindica la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la industria cinematográfica. 


Deduzco que no crees en la improvisación.
No. Para nada. Cuanto más definido esté, mejor. Hay que trabajar mucho a priori, para luego poder rodar en el poco tiempo que tenemos de rodaje. Es también por necesidad. Creo que muchos directores de la nueva generación trabajamos así, porque no hay otra forma de hacerlo. Rodamos en muy poco tiempo porque no tenemos dinero. Y no creo, en absoluto, en el cine improvisado. No sé quién dijo que Buñuel sí improvisaba, pero no me lo creo: ¿qué dices?, es imposible. Buñuel lo tenía absolutamente todo reflexionado. Sí que creo, por ejemplo, en el caso puntual de que te venga una solución que no habías planteado antes y que, de pronto, es mejor de lo que habías pensado. Pero, en lo global, no tenemos margen de error. Si no tienes dinero, tienes que hacerlo bien; porque si no sale a la primera, no se puede volver a hacer. Eso te obliga a trabajar con mucha previsión. Y se pasa francamente mal. En rodaje sufres mucho, porque la presión es muy fuerte.

Leí en algún sitio que una de las películas que más te ha marcado fue La historia interminable. En La novia hay ciertas reminiscencias de La historia interminable y de ese estar entre lo real y lo irreal, ¿verdad?
Sí, me marcó mucho. Pero… ¿en serio ves alguna influencia en La novia? ¡Qué fuerte! (ríe). ¡No lo había pensado! ¿De verdad?

Sí, por ejemplo, el galope del caballo que sugiere el viaje de Atreyu, o el barro del principio, que recuerda a las tierras movedizas.
La escena del caballo en La historia interminable es de las más traumáticas que he vivido en mi vida. De hecho, nunca la pude volver a ver. Pensaba: «¿cómo puede ser que algo sea tan cruel?». Podría ser… Normalmente, uno reproduce los esquemas que ha visto. Pero, en este caso, para nada era consciente. Iba muy marcada por Lorca, y es cierto que Lorca se mueve ahí, en ese terreno entre lo real y lo irreal, a pesar de que en España siempre se le ha interpretado desde un prisma muy rural y realista. Lorca, como todos los clásicos, tiene muchas lecturas posibles. Tiene multitud de interpretaciones. Él mismo genera personajes irreales: por ejemplo la luna, que habla; o la muerte, que también habla. Lo que es cierto es que hay un mundo fantástico en Bodas de sangre que nosotros lo hemos puesto en el centro de la película, no en una capa más.

¿Por qué no mantuviste el título Bodas de Sangre?
Fue una decisión de la distribución. Los Lorca no tenían ningún inconveniente en mantener el título original, si nosotros queríamos. Pero se pensó que dejar el título de Lorca quizás podía alejar al público que pensara que iba a ser una adaptación literaria e intelectual y no lo que la película al final es. Fue una decisión difícil porque, en realidad, por otro lado, la firma de la película es Lorca, el gran atractivo de la película es Lorca. El diálogo está respetado al 95 %, y el 5 % reescrito es solo para poder conectar. Ningún verso de Lorca está reescrito. Lo único que yo he reescrito son conexiones. Después de debatir mucho, se optó por La novia.


Sus películas evidencian su sensibilidad artística y ponen de manifiesto que cuida hasta el más mínimo detalle del guion para conseguir que el rodaje será un éxito. 


Y, a juzgar por los resultados en taquilla, ha funcionado. Ha recaudado más de un millón de euros en taquilla y la han visto más de 150.000 espectadores.

¡Sí!

Llevas meses recibiendo premios sin parar. Más allá de la ilusión y la satisfacción personal que, lógicamente, conllevan, ¿para qué sirven los premios?
Pues en realidad los premios son algo absolutamente externo y tangencial. Lo que rodea a los premios es ornamental. Es muy extraño, porque los premios llegan cuando hace mucho tiempo que has terminado la película. Sí, son un refuerzo para el equipo; pero te pillan muy lejos. Es una manera de saber que lo has hecho bien: pero a la vez es algo bastante coyuntural: hay grandes películas que nunca llegan a los Goya porque se han estrenado en mala época. Por eso las producciones pequeñas luchan por estrenar en otoño.

Lo que sí sucede es que estos premios recuperan las películas tangenciales a nivel comercial, como la nuestra, e implican una difusión mediática y una capacidad de marketing que nosotros no hubiéramos alcanzado. En nuestro caso, los premios han sido fundamentales para que la película llegara a más público.

Veo muchas coincidencias de reparto en tus distintos trabajos. ¿Repites también equipo técnico?
Sí. De hecho, el equipo técnico lo repito al 90 %. Porque la firma del cine es colectiva. Que la película sea de una manera o de otra es fruto del trabajo con el director de fotografía, el director de arte, el montador… Si cambiáramos de director artístico el resultado sería otro. El cine es un arte colectivo. Es muy importante el equipo, y es imprescindible la lealtad al equipo. La película sale si tú eres leal al equipo. El equipo responde por ti si tú antes has respondido por ellos. Una de las cosas que más respeto es la lealtad. Es un quid pro quo.

Eres miembro de la Asamblea de Mujeres Cineastas de España (CIMA) y vicepresidenta de European Women Auidovisual Network. ¿Por qué crees que hay muchas menos mujeres que hombres dirigiendo cine?
Esa es la realidad. Y no solo en la dirección: en la posproducción, en la dirección de fotografía; hay ámbitos en los que apenas hay mujeres. El otro día hablábamos de los galardonados de los Goya. Los premiados fueron mayormente hombres. Solo ha habido premios a mujeres en las categorías de vestuario, maquillaje y peluquería. No podemos considerar un logro que haya ganado una mujer como mejor actriz, porque por definición tiene que ser una mujer.

En guion y en montaje hay más mujeres —tampoco tantas—, porque son trabajos que se hacen en casa. Es decir, las mujeres montan y las mujeres escriben; pero las mujeres no ruedan. La mujer en el cine tiene las mismas dificultades y problemáticas de conciliación con que se encuentran las mujeres en cualquier otra área empresarial; pero, además, ésta es una área que tiene un alto nivel de incertidumbre. Los proyectos salen a largo plazo: no sabes si te lo van a dar, no sabes si te van a pagar, y algunas mujeres van renunciando a estar ahí. Hay muchas más mujeres en televisión y publicidad que en el cine por razones obvias: porque en publicidad abandonas tu casa una semana; pero no te marchas cuatro meses a rodar. Nunca ha estado nominada al Goya una directora de fotografía. No hay bajas por maternidad, no se contempla una guardería de rodaje, que para mí es una reivindicación histórica. Yo he hablado con productoras mujeres y se lo he propuesto y me han dicho que no hay presupuesto… Hace falta un cambio de chip.

Además, es un hecho constatable que, cuando las mujeres trabajan, lo hacen con presupuestos inferiores a los de los hombres. ¿Por qué?
Delante de un comité o un tribunal, mis proyectos son leídos en igualdad de oportunidades. Pero, cuando salgo al mercado —por alguna cuestión que yo sigo reivindicando que habría que analizarla en profundidad—, la industria y los grupos mediáticos y económicos fuertes nunca contemplan la posibilidad de que una mujer pueda dirigir una superproducción. En España jamás ha sido confiada a una mujer ninguna superproducción. Isabel Coixet, que es de las realizadoras más fuertes y sólidas que hay en Europa, explica que cuando está en una reunión con directivos siente que piensan: «¿Esta chica ya va a saber manejar tanto dinero?». Eso está ahí, latente. En Hollywood se están movilizando mucho; porque todas las actrices cobran, por definición, menos. A nivel salarial la discriminación es espectacular.

Ahora tengo varios guiones, y uno de ellos implica una gran producción. Pero ¿para qué lo voy a poner encima de la mesa si me van a decir que no? Ya me ha pasado antes. Me gustaría pasarlo a un colega hombre y hacer la prueba, a ver qué pasa.

Es curioso porque, en las aulas, en cambio, hay más mujeres…
Sí. Esta es una cuestión que yo reivindico mucho, porque lo veo a diario. En la carrera hay más chicas que chicos y están muy bien preparadas. Yo, por la generación a la que pertenezco, he tenido la suerte de optar a becas, de poder formarme, de elegir mis estudios y prepararme al mismo nivel que mis compañeros. En cuanto a la formación, ya hemos logrado la igualdad de oportunidades. Que era muy difícil.

Me decías que tiene ya en mente un par de guiones ¿Puedes avanzar algo de tu próximo proyecto?
Lo que pasa es que no tienen todavía producción. Y, por lo tanto, hasta que no tengan producción no son reales.




Fotos: Parícia Lainz

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